martes, 7 de abril de 2015

El desmadrado negocio de los alquileres por días permite dormir en BCN sin necesidad de registrarse o identificarse. Y sin facturas

92,6 € una noche

El desmadrado negocio de los alquileres por días permite dormir en BCN sin necesidad de registrarse o identificarse. Y sin facturas

De rollo marinero, de hiperdiseño para el propósito turístico, o hasta viejunos de tan domésticos que son... Los hay para todos los gustos, colores y tamaños. Encontrar alojamiento por días en la Barceloneta solo requiere paciencia y horas de internet, así como leer mucha letra pequeña. Pero la experiencia aporta conclusiones rápidas en esta zona caliente: los operadores cada vez toman más precauciones (crecen los anuncios que piden un mes de contrato mínimo para no ser considerados turísticos o que dan consignas de civismo); el repertorio se ha reducido tras el cese oficial de al menos 170 apartamentos el pasado otoño y otras discretas deserciones de particulares con miedo a ser cazados; y la oferta profesionalizada (con agencias intermediarias) convive con la de avispados vecinos que sacan rendimiento a su estratégico inmueble, a minutos de las playas.
No obstante, las opciones aún se cuentan por cientos, pese a que la oferta legal está limitada a 70 pisos con licencia. Todo lo demás, queda fuera de lo permitido.
Y conseguir plaza por Semana Santa se convierte en misión casi imposible por una u otra vía. Los precios oscilaban entre los más de 200 euros la noche para los mejores pisos, y los aproximadamente 25 por una simple habitación. En medio, mucha oferta rondando los 80-100 euros por noche en los llamados quarts de casa (de 35 metros cuadrados) renovados, y casi siempre con la obligatoriedad de alquilar por «un mínimo de tres días». Otros particulares, no obstante, permiten hacer una sola noche; eso sí, abonando altos gastos de limpieza aparte, que no varían independientemente de que la estancia sea breve o larga. Muchas veces cobrando por todo, como de 10 a 25 euros si el checkin es después de las ocho o de las diez de la noche.

SELECCIÓN VARIOPINTA

La búsqueda vía portales de reserva como AirbnbWimduLa ComunityHousetrip... aporta un sinfín de posibilidades, a las que se suman tropecientas empresas gestoras que actúan de intermediarias y se ocupan de todo el proceso por jugosos porcentajes. Tras muchas notificaciones negativas por plena ocupación, este diario reserva una noche vía uno de los mencionados buscadores. El anuncio promete un coqueto piso próximo a la playa y la Rambla. El teórico precio según la propietaria es de 50 euros la noche (un chollo en la zona), a los que el portal agrega otros 12,6. Y advierte de que la limpieza costará 30 euros, y otros cien tendrán que ser depositados como fianza y recuperados con la devolución de las llaves a la salida. Otras webs, en cambio, retienen las fianzas desde la tarjeta de crédito durante unos días.
El portal elegido emite una factura de su parte. Pero no hay otra cuenta final con todos los gastos agregados, por parte del propietario. Y aunque cada caso es un mundo (muchas agencias y propietarios solicitan documentación, registran a los huéspedes y les cobran la tasa turística correspondiente), también hay numerosos operadores que trabajan en negro, en la sombra, tengan o no licencia.
El pisito de la calle de la Atlàntida, que no engaña respecto a lo que promete en fotos y textos, carece de licencia. Con la suerte de ser escalera de escasos vecinos. Susana, la supuesta propietaria (el nombre en el portal de búsqueda no coincide con el del buzón), sugiere que si alguien pregunta digamos que somos «familiares». Cuenta que el piso es suyo pero lo alquila de vez en cuando. . El tipo de vivienda (reformada de forma sencilla y vivida) así lo refleja, aunque los armarios están desiertos. Otro efímero huésped acaba de salir poco antes.
Con gran amabilidad se ofrece a «cualquier consulta las 24 horas». Un plano de Barcelona, unas toallas, sábanas limpias y menaje de cocina, esperan al viajero. Y la mera confianza en que los clientes sean realmente dos, y no media docena, a traición.

 

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